Sería una de las salidas a bolsa más grandes en la historia de la tecnología — de una empresa que, según sus propios números, pierde más de un dólar por cada dólar que factura. La apuesta de los inversionistas es que esa relación se invierte antes de que se acabe la paciencia del mercado.
OpenAI presentó una solicitud confidencial S-1 ante la SEC el 8 y 9 de junio de 2026, marcando el inicio formal de su proceso de salida a bolsa. La compañía apunta a debutar en el mercado público en septiembre de 2026, con un rango de valuación objetivo entre $730,000 y $850,000 millones — con la posibilidad de llegar hasta $1 billón según condiciones de mercado. El prospecto público se espera que aparezca en el sistema EDGAR de la SEC a mediados o finales de agosto de 2026, aproximadamente 15 días antes de cualquier roadshow. Goldman Sachs y Morgan Stanley fueron contratados para gestionar la oferta.
OpenAI genera aproximadamente $25,000 millones anualizados a febrero de 2026, con el primer trimestre de 2026 solo en $5,700 millones — un ritmo que proyecta unos $30,000 millones para el año completo. Sin embargo, la compañía pierde aproximadamente $1.22 por cada dólar que gana, según cifras reportadas del trimestre. La compañía fue valorada en $852,000 millones en una ronda de financiamiento cerrada anteriormente en 2026.
Una salida a bolsa de esta magnitud sería una de las más grandes en la historia de la tecnología, y su desempeño en el mercado público va a convertirse en el termómetro más visible de si los inversionistas creen que el gasto masivo en infraestructura de IA —cubierto en nuestro artículo sobre el respaldo de $250,000 millones de Nvidia para el datacenter de OpenAI en Ohio— eventualmente se traduce en rentabilidad real, o si el mercado sigue dispuesto a financiar pérdidas de esta escala indefinidamente.
Un IPO exitoso a esta valuación consolidaría a OpenAI como una de las empresas más valiosas del mundo pese a sus pérdidas operativas actuales, reforzando la narrativa de que la carrera de IA se está financiando explícitamente como una apuesta a largo plazo. Para empresas que dependen de la API de OpenAI en producción, un OpenAI cotizando en bolsa también implica más transparencia financiera obligatoria de la que existía como empresa privada — información que hasta ahora era prácticamente imposible de conseguir de forma confiable.
Carlos Montiel es arquitecto de soluciones IA empresarial. Implementa LLMs, Agentes, RAG y orquestadores en empresas de Guatemala y Latinoamérica. Contáctalo para una consultoría.
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